Jazz



EN EL TIEMPO QUE DURA UNA CANCIÓN DE AMOR

NO SON ALAS: ES TAN SÓLO UN PIANO

SOLO DE TROMPETA

QUIZÁ NUEVA ORLEÁNS, QUIZÁ MI CASA



EN EL TIEMPO QUE DURA UNA CANCIÓN DE AMOR

La eternidad habita en el abrazo,
cabe toda en la música
que se mide en minutos
y es siempre más pequeña
que la pista de baile.

En el amor
el cuerpo es el más frágil
de todos los espejos
y es cristal vulnerable
ante la más volátil
de todas las caricias
y, sin embargo,
nos hace despreciar el universo
y sentirnos más grandes
que todas las estrellas.

Cuando amamos,
el mundo se concentra
en la mirada mutua,
incandescente,
e insumisa ante el tiempo de los otros,
los que no importan nada
a quien está de amor recién nacido.

La eternidad habita en el abrazo,
en el tacto,
en el fuego
y en el momento único.
Lo demás ya no importa.

Pero la música
va contando compases en el tiempo
y se convierte en pausa que se alarga
hasta alcanzar silencios en el aire.
Y entonces el amor
se transforma en camino interminable
de espejismos sin nombre,
donde un sueño palpable y siempre esquivo
se ríe mientras juega con nosotros,
otra vez niños
perdidos como antes
(pero ahora culpables)
entre los árboles del bosque imaginario
donde creímos detenernos para siempre.

El amor, incluso si es el nuestro,
carece de reposo
y nos deja jugando en el camino
sin descubrir su ausencia todavía.

Empezamos entonces a rompernos,
y con toda la vida por delante.

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NO SON ALAS: ES TAN SÓLO UN PIANO

Los pájaros son el recuerdo cotidiano
de la atadura que nos une a la tierra
diariamente.
Son el espejo en el que se refleja
esa distancia, siempre irreconciliable,
del hombre con su piel.
Ellos
son ese sueño cercano e inasible
de crueldad bellísima.
Tiernos e indiferentes,
y desconocedores
de todas las palabras
que inventamos nosotros
para poder volar. Escucha:
¿No percibes su corazón acelerado?
Oye cómo bombea
ese aire que en nosotros se estanca
y se hace pensamiento.
Ellos
reinventan el viento día a día
mientras tú y yo seguimos
intentando entender el porqué de su vuelo,
que se acerca a llamarnos
y se aleja después.
Para nosotros
el deseo es un pájaro caído
incapaz ya de atravesar el aire.
Para ellos
nosotros somos la amenaza que se olvida
al recobrar el cielo en un instante.
Míralos allá arriba,
intentemos hacer de la mirada un ángel redimido
un segundo tan sólo.
Luego,
nuestras pisadas nos traerán a la tierra nuevamente
y volverán a caer, algunas veces,
sobre la hormiga
que sólo mira al suelo.

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SOLO DE TROMPETA

La soledad tiene cuatro silencios
como los cuatro vientos
y los cuatro caminos.
Es una encrucijada
de verdades oscuras
y de mentiras locas,
y de aquí parten,
para encontrarse nunca,
senderos que van a las estrellas
y a las callejas turbias.

La soledad es un hombre con un abrigo negro
que pide copas en un bar,
sorbiéndose,
deprisa o lentamente,
hasta que se van todos,
que no son para él
más que sombras translúcidas
a través de las cuales
mira sus propios sueños.

La soledad
es un espejo opaco
al que llamamos cuerpo
que puede hacerse añicos
por el golpe de fuerza
de un dolor invisible
sin que nadie lo note.

La soledad
es un monstruo de millones de caras
que con indiferencia nos persigue
en su enorme sustancia
amorfa y violenta:
cuando lo vemos cerca,
casi gemelo
de nuestro propio rostro,
sentimos el vacío
de la mirada colectiva
y cerramos los ojos.

La soledad
es un niño
que teme y necesita
y mira desde abajo,
al hombre incomprensible.
Lo mismo que nosotros
desde la vida
a Dios.

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QUIZÁ NUEVA ORLEÁNS, QUIZÁ MI CASA

El fumador de enfrente
echa silencio por la boca,
vagabundas y sucias bocanadas
que hacen llorar
los ojos de mi barman favorito.

Mientras,
el mostrador contiene los envites
de tantas soledades
pequeñas, colectivas,
ajenas a mi barman favorito,
que sonríe ante todas las preguntas,
inundando
de alcohol y bendiciones
tantas adormecidas esperanzas.

¿Tiene cara mi barman favorito?
Con la música oscura
y el humo generoso
sólo veo una sombra
inundada de luz por su propia mirada.
Su voz
es u consuelo de palabras de siempre
mil veces repetidas
como un oráculo plagiario de sí mismo,
domesticado al fin
ante la sed del hombre.
Mi barman favorito
es vigilia nocturna,
cotidiano misterio
que salta alegremente
entre los destellos de los vasos,
movimiento absoluto,
inagotable contrapunto
de sillas y banquetas
donde todos nosotros
convertimos el tiempo
en la estatua más pura.

Mi barman favorito
es el único amigo
que nos queda:
intangible, solícito,
sólo existe
en función de las copas que sabe que queremos,
nunca pedirá nada
que no podamos dar,
nada nos pide entonces.
Pero está siempre ahí,
como la fuente inagotable del olvido:
él es la perfección.

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