Dublín



EDDIE IRVINE ATRAVIESA DUBLÍN CON SU FERRARI ROJO

SALUDO A FRANK McCOURT MIRANDO AL SHANNON

ENCUENTRO CON MI FUTURO EN HA'PENNY BRIDGE

DE LIRAS POR DUBLÍN

HAY CALLES EN DUBLÍN

PIEDRA Y AGUA DE ESTOCOLMO

A MODO DE DECLARACIÓN DE AMOR A LAS CIUDADES



EDDIE IRVINE ATRAVIESA DUBLÍN CON SU FERRARI ROJO

El espacio se tiñe,
huele a rojo,
todo él se hace tigre
que devora
palabras y conceptos.

La gravedad
se ha aliado al rugido,
es ahora
matemática anárquica
hecha motor y sexo.

Hoy
el aire
hecho insolencia,
la mejor gobernanta de tus nervios,
el voltaje maestro de tus músculos
echando un pulso
a toda reflexión.

El tiempo es una presa
de exquisito
sabor a cazador
que tú te comes
mientras al corazón
ya no le queda
un solo sentimiento controlable.

El deseo
derramando mecánica en la sangre
agarrando con pasión el infinito
a trescientas pulsaciones por minuto.

Mientras Eddie Irvine atraviesa Dublín con su Ferrari
rojo
se diluye
mi viejísimo anhelo de las alas
y grito
¡ponme ruedas!

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SALUDO A FRANK McCOURT MIRANDO AL SHANNON

El Shannon no me mira,
en Limerick la luz se ha vuelto ausente,
pero sé que respira
cuando inclino mi frente,
que calla mucho más de lo que miente.

Sabes que éste es tu río
ahora que brillas en las avenidas.
Vente junto a mi frío,
que sé de despedidas,
también de alguna muerte y de más vidas.

Pero no me hagas caso,
que aprendí a estar contigo en lejanía,
en cualquier cielo raso
y con mucha alegría
siento a esa madre tuya toda mía.

La vida nos estruja,
luego nos acaricia con cariño,
nos quiere, la muy bruja,
nos toma con un guiño
mientras nos desampara como al niño.

Al niño que te habita,
al niño Frank y al niño de mil nombres,
agua maldibendita
para que nos asombres
con historias de madres e hijoshombres.

La ceniza germina,
fructifica del barro y la pobreza
porque nada termina.
Con mugrienta belleza
la vida nos golpea la cabeza.

Lo dijo un contraguapo,
adonis ceniciento y estevado,
hizo fulgor de harapo,
él no era alicortado,
nos inundó de polvo enamorado.

El Shannon me suscita
que la mortalidad nos eterniza,
que el polvo resucita
mientras Dios se desliza.
¡Cuánta ceniza, Frank, cuánta ceniza!

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ENCUENTRO CON MI FUTURO EN HA'PENNY BRIDGE

Atravieso los puentes,
el del Medio Penique
me pide una moneda.
Hay una vieja loca
que me llama en silencio,
aspavientos de manos
y risotadas ciegas.

¿Qué me quieres decir,
bruja adivina,
qué ves aquí en mis ojos
no de azul irlandés,
en mi cara extranjera?
Otro medio penique
y tienes mi futuro:
se formará en tu boca.
¡Ah!
¿Qué quieres, mi pasado?
¿mi presente?
No me hagas eso.
Yo no puedo cambiarte mi bicicleta roja
con su sillín torcido,
el perro de la casa de mi abuela,
el plumier de madera,
las fresas en mi boca,
los pájaros en mi cabeza,
las tardes en un río de Toledo,
el cine de verano y el de invierno,
la voz de Jacques Brel
y las constelaciones de palabras
leídas con lujuria
por un simple futuro.

Ya he conjugado verbos,
especialmente
los tiempos imperfectos.
Tú me conoces bien,
pues soy conjuradora,
me he pasado la vida conjurando futuros,
todos están conmigo,
contigo en este puente.

Lo siento, amiga,
yo no puedo cambiarte
los paisajes de amor
después de la batalla,
ni las horas que avanzan
a sesenta besos por segundo,
ni la dulzura del bárbaro del norte,
ni ese ángel caído
que siempre se levanta
dentro del paraíso
con olor al café de la mañana.

Yo sé que lo comprendes,
encantadora bruja
surgida de las aguas de todas las ciudades,
sobre todos los puentes,
estás en todas partes,
estás también en mí:

toma medio penique,
tú dame buena suerte.

Y deja mi futuro en libertad.

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DE LIRAS POR DUBLÍN

Dublín es como todo,
sólo un pretexto más de la existencia,
lo diré de otro modo,
que vivir es la ciencia
de no saber de nada y a conciencia.

Es una antología
tan personal como los ruidos viejos,
como una epifanía
que nunca da consejos,
con el presente Joyce siempre a lo lejos.

Yo me tomo unas liras
con todos los borrachos dublineses.
Muerte, sé que me miras
como a los feligreses
de los templos profanos irlandeses.

Que el pub es cosa seria,
de la sed sin fronteras es la casa,
es toda nuestra feria,
es todo lo que pasa,
es creer que la muerte se retrasa.

El amor, por su parte,
puede encontrarnos en cualquier postura,
quizá el amor es arte
de mestiza blancura.
Me gusta que el amor no tenga cura.

Porque si la tuviera
Dublín sería un diálogo mezquino,
no habría ciudad entera,
ni cerveza ni vino
que nos pusiera a hablar con el destino.

Ya lo dije hace mucho,
Dublín no es otra cosa que un relato
tan mío que lo escucho
cómo come en mi plato,
que la vida es muy larga y sólo un rato.

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HAY CALLES EN DUBLÍN

Hay calles en Dublín que andan despacio
como una madrugada entre las sábanas.
Pero otras se adelantan a mis pasos
cuando mi corazón quiere alcanzarlas.

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PIEDRA Y AGUA DE ESTOCOLMO

Con Gamla Stan al fondo
el puente que ahora miro
comulga
con la luz

hecha silencio y norte.

Bajo mis pies
las aguas
con todo su tumulto
contenido en sosiego,
con todos los vikingos
hechos sal y recuerdo,
con todos los ahogados,
con el amor
superviviente de todos los naufragios.

El empeño
vertical de tantas torres
hecho reflejo líquido.

Sobrevivir
acaso sea dejar
que las aguas se lleven nuestra imagen
mientras miramos
el tiempo
en todos los relojes de las cúpulas.

Piedra y agua,
yo
en medio.
El alma
del agua,
de la piedra,
de los niños,
los pájaros

tan dentro

tan lejos.

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A MODO DE DECLARACIÓN DE AMOR A LAS CIUDADES

En Praga no me encuentro,
me quisiera encontrar pero no puedo,
Kafka me arrastra adentro,
pero cuando me quedo
los santos me señalan con el dedo.

Los del puente de Carlos,
el que va y viene del castillo al alma,
¿me atreveré yo a amarlos
mientras su rezo ensalma
mi tumulto interior frente a su calma?

Madrid es diferente
y tiende a derramarse en las afueras,
tiene estrecha la frente
y anchas las caderas,
es Sócrates de todas las parteras.

Dicen que está muriendo,
más yo la veo alegre en su agonía,
y disfruta pariendo,
como una letanía,
criaturas muy suyas día a día.

Toda ciudad me invita,
Nueva Orleáns, Seattle o Granada,
y su atracción me irrita,
que sentirme atrapada
me hace moverme tanto para nada.

No es que no quiera ir,
adoro los viajes como el juego,
pero es un sinvivir
ver que se apagan luego
tantas figuras al final del fuego.

Miro a mi alrededor,
en todas las ciudades hay amantes,
gloria junto al horror,
simultáneos instantes,
no me hace falta ir: ya he estado antes.

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